“Hoy nos sentimos más fuertes que nunca”: la carta exclusiva de Junqueras y Romeva sobre su juicio

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Oriol Junqueras y Raül Romeva, dos personalidades independentistas encarceladas, han escrito un artículo de opinión dirigido a La Vanguardia y publicado este lunes 6 de agosto de 2018. Los dos denuncian un juicio injusto y la falta de democracia en España

“Hoy nos sentimos más fuertes que nunca. Estar más cerca de todos vosotros –tan cerca y tan lejos al mismo tiempo– y de nuestras familias no ha hecho más que reforzar nuestro espíritu y la convicción de que es la ciudadanía quien tiene que decidir en una sociedad democrática su futuro colectivo a través del voto. Somos gente de diálogo, de paz y acuerdo. Somos gente que amamos a nuestro país y a toda su gente. Nuestras trayectorias vitales hablan por nosotros. Y somos al mismo tiempo gente de firmes convicciones. Los barrotes, por tiempo que los tengamos que sufrir, no las harán cambiar.

Estamos en prisión sin juicio. O en el exilio. Nos acusan de unos delitos penados con tantos o más años de reclusión que un asesinato. No hemos tenido una instrucción justa y también sabemos que no tendremos un juicio justo. Media Europa ha evidenciado que los argumentos que sustentan los supuestos delitos que se nos atribuyen no tienen base jurídica. Estamos acusados de unos delitos que no hemos cometido basados en una violencia que no ha existido. La próxima fase de este proceso será una continuación de lo que hemos visto hasta ahora: arbitrariedades y conjeturas interesadas. Será un juicio político. Una vergüenza democrática en un marco general de involución de derechos y libertades en España.

Este juicio, quizás en otoño, despertará de nuevo la atención internacional. Es un escaparate en el mundo, una oportunidad para explicar que no hemos hecho nada mal hecho porque los debates se llevan a cabo en los parlamentos, no en los juzgados. Explicaremos que votar no es ningún delito. Que queremos una solución democrática para Catalunya que pasa por el diálogo y la negociación política, que pasa por respetar la voluntad de la ciudadanía. ¿Quién puede tener miedo a que la relación jurídica y política de Catalunya con el Estado se pueda someter al veredicto de los catalanes en las urnas?

Sabemos que no tendremos un juicio justo. La prisión preventiva con que se nos está castigando gratuitamente ha sido denostada por personalidades de todo tipo, muchas de ellas muy alejadas de la causa soberanista. Este juicio inevitablemente injusto no debe hacer que renunciemos a presentar nuestros argumentos, y ya anticipamos que pediremos la libre absolución. Esta es la única actitud posible, tenemos la conciencia muy tranquila. No hemos delinquido por poner las urnas y seguir lo que la mayoría de los catalanes –en votos y escaños– nos pidió.

No es a nosotros a quienes juzgan. Juzgarán a millones de catalanes que querían votar. Debemos ponérselo difícil: nos encontrarán cargados de razones e ilusión, dignas, con un mensaje de paz y justicia social. Y de esperanza. De esperanza en un futuro mejor. No nos doblegarán por años de prisión que nos pidan. Seguiremos pensando un futuro mejor. Defenderemos que votar en un referéndum y decidir es la mejor solución posible y que si este referéndum no pudo ser acordado con el gobierno español no fue por falta de voluntad por nuestra parte. Si en Escocia fue posible, lo tendría que haber sido en Catalunya. Y estamos convencidos de que más pronto que tarde lo tendrá que ser. Siempre encontrarán la mano tendida para hacerlo.

Pase lo que pase este otoño, pedimos a todos siempre una actitud cívica. No dejéis que el rencor se apodere de vosotros por injusto que todo pueda ser. No permitáis que el resentimiento contra aquellos que nos quieren en la cárcel guíe vuestros pasos. Serán unos días difíciles. Y debéis manteneros fuertes y unidos. Hay que transformar la indignación en coraje y perseverancia. La rabia, en amor. Y no desfallezcáis nunca, nunca, porque nosotros no lo haremos. Si el precio de la libertad es una larga prisión, lo asumiremos. Cada día privados de libertad es y será una vergüenza para quien pretenda homologarse a una democracia de primera. Antes que nosotros muchos otros han pagado un precio alto, la libertad no nos la regalarán. ­Peor lo tuvieron nuestros abuelos y nuestros padres. Y no olvidamos tampoco a todos los alcaldes, diputados, maestros, mossos y otros trabajadores públicos, compañeros, amigos y ciudadanos anónimos, también hoy procesados por defender una votación, por defender las urnas. En la República que queremos, votar nunca será delito.

Hoy nos sentimos más fuertes que nunca. Estar más cerca de todos vosotros –tan cerca y tan lejos al mismo tiempo– y de nuestras familias no ha hecho más que reforzar nuestro espíritu y la convicción de que es la ciudadanía quien tiene que decidir en una  sociedad democrática su futuro colectivo a través del voto. Somos gente de diálogo, de paz y acuerdo. Somos gente que amamos a nuestro país y a toda su gente. Nuestras trayectorias vitales hablan por nosotros. Y somos al mismo tiempo gente de firmes convicciones. Los barrotes, por tiempo que los tengamos que sufrir, no las harán cambiar.

Estamos en prisión sin juicio. O en el exilio. Nos acusan de unos delitos penados con tantos o más años de reclusión que un asesinato. No hemos tenido una instrucción justa y también sabemos que no tendremos un juicio justo. Media Europa ha evidenciado que los argumentos que sustentan los supuestos delitos que se nos atribuyen no tienen base jurídica. Estamos acusados de unos delitos que no hemos cometido basados en una violencia que no ha existido. La próxima fase de este proceso será una continuación de lo que hemos visto hasta ahora: arbitrariedades y conjeturas interesadas. Será un juicio político. Una vergüenza democrática en un marco general de involución de derechos y libertades en España.

Este juicio, quizás en otoño, despertará de nuevo la atención internacional. Es un escaparate en el mundo, una oportunidad para explicar que no hemos hecho nada mal hecho porque los debates se llevan a cabo en los parlamentos, no en los juzgados. Explicaremos que votar no es ningún delito. Que queremos una solución democrática para Catalunya que pasa por el diálogo y la negociación política, que pasa por respetar la voluntad de la ciudadanía. ¿Quién puede tener miedo a que la relación jurídica y política de Catalunya con el Estado se pueda someter al veredicto de los catalanes en las urnas?

Sabemos que no tendremos un juicio justo. La prisión preventiva con que se nos está castigando gratuitamente ha sido denostada por personalidades de todo tipo, muchas de ellas muy alejadas de la causa soberanista. Este juicio inevitablemente injusto no debe hacer que renunciemos a presentar nuestros argumentos, y ya anticipamos que pediremos la libre absolución. Esta es la única actitud posible, tenemos la conciencia muy tranquila. No hemos delinquido por poner las urnas y seguir lo que la mayoría de los catalanes –en votos y escaños– nos pidió.

No es a nosotros a quienes juzgan. Juzgarán a millones de catalanes que querían votar. Debemos ponérselo difícil: nos encontrarán cargados de razones e ilusión, dignas, con un mensaje de paz y justicia social. Y de esperanza. De esperanza en un futuro mejor. No nos doblegarán por años de prisión que nos pidan. Seguiremos pensando un futuro mejor. Defenderemos que votar en un referéndum y decidir es la mejor solución posible y que si este referéndum no pudo ser acordado con el gobierno español no fue por falta de voluntad por nuestra parte. Si en Escocia fue posible, lo tendría que haber sido en Catalunya. Y estamos convencidos de que más pronto que tarde lo tendrá que ser. Siempre encontrarán la mano tendida para hacerlo.

Pase lo que pase este otoño, pedimos a todos siempre una actitud cívica. No dejéis que el rencor se apodere de vosotros por injusto que todo pueda ser. No permitáis que el resentimiento contra aquellos que nos quieren en la cárcel guíe vuestros pasos. Serán unos días difíciles. Y debéis manteneros fuertes y unidos. Hay que transformar la indignación en coraje y perseverancia. La rabia, en amor. Y no desfallezcáis nunca, nunca, porque nosotros no lo haremos.

Si el precio de la libertad es una larga prisión, lo asumiremos. Cada día privados de libertad es y será una vergüenza para quien pretenda homologarse a una democracia de primera. Antes que nosotros muchos otros han pagado un precio alto, la libertad no nos la regalarán. ­Peor lo tuvieron nuestros abuelos y nuestros padres. Y no olvidamos tampoco a todos los alcaldes, diputados, maestros, mossos y otros trabajadores públicos, compañeros, amigos y ciudadanos anónimos, también hoy procesados por defender una votación, por defender las urnas. En la República que queremos, votar nunca será delito.

Amad a todo el mundo, ayudad a todo el mundo. Trabajad cada día para ser más y más fuertes, para recordar la injusticia que sufrimos, para evidenciar que estamos en la prisión o el exilio por estimar la libertad. Aquellos que nos han puesto o forzado no han entendido el significado de la libertad, de la fraternidad y de una verdadera justicia.

Decía Nelson Mandela que aprendió que el coraje no era la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre este. Valiente no es quien no siente miedo, sino quien vence este temor.

Os amamos, persistid, hemos sembrado la semilla de la libertad. Y un inmenso abrazo a dos grandes mujeres, Carme Forcadell y Dolors Bassa, reivindiquémoslas siempre.”

 

Oriol Junquera y Raül Romeva