Cataluña: se está muriendo la Democracia, y ahora esto huele a Dictadura

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Lo que está pasando en Cataluña merece una cobertura mediática internacional.  Y lo dice un periodista senegalés basado en París (Francia). Desde hace casi unos meses, el independentismo catalán llamaba la atención del resto del mundo sobre “la falta de democracia en España” y defendía por lo civil o lo criminal su voluntad de celebrar un referéndum de autodeterminación.

La propaganda mediática del independentismo fue impresionante. Sus líderes aprovecharon la presencia de extranjeros (europeos, norteamericanos…) en Cataluña para poner en marcha la mentira que Cataluña es una comunidad autónoma reprimida por el Estado español y en donde la mitad de la población quiere la independencia.

El día 1-0, la propaganda mediática independentista había logrado una victoria tajante. Ante la represión policial (no me gustó para nada la actuación de la guardia civil española), el independentismo había logrado ganar más simpatizantes. Las imágenes de la represión dieron la vuelta al mundo. Por toda Europa, sobre todo en Francia, la gente estaba indignada.

Me da risa ver cómo las cosas han cambiado en menos de un año. Tras haber perdido la batalla jurídica, el independentismo catalán ahora nos está mostrando su verdadera cara. Y una cosa es cierta: el separatismo catalán no tiene absolutamente nada que ver con la democracia.

Con la llegada de Quim Torra, yo había pensado que íbamos hacia el camino de la resolución definitiva de un conflicto social cuyas consecuencias a largo plazo podrían ser dañinas para España. Yo saltaba de alegría que el independentismo pudiera finalmente tener un presidente, que el artículo 155 fuese retirado y que por fin Generalitat y Gobierno español pudieran darse la mano para el bien de toda la nación española.

Hoy, hay que ser una persona de muy mala fe para dudar del compromiso de Pedro Sánchez para dialogar. El actual jefe de Gobierno español lo ha afirmado ya desde sus primeros días en La Moncloa y lo ha demostrado. El 9 de julio recibió en La Moncloa al Señor Torra. El 1 de agosto su gobierno puso en marcha la primera reunión de la Comisión Bilateral Estado-Generalitat, una reunión suspendida desde el año 2011.

Lo más importante es que Sánchez nunca ha dejado de subrayar en muchas ocasiones que la resolución del conflicto catalán se hará por vía política. “El gobierno de España no quiere abrir ninguna vía judicial más”, lo dejó claro Pedro Sánchez Castejón durante una rueda de prensa a inicios de agosto.

Pero, ¿qué fue la actitud de la Generalitat? El independentismo ha preferido seguir vendiendo mentiras. Fuera de España, Carles Puigdemont y Quim Torra acusan al Estado español de no querer dialogar, pero una vez en España, el separatismo se niega a cualquier esfuerzo de poner fin al conflicto por no enfadar a sus votantes más radicales.

Hoy, el separatismo catalán está animando a sus seguidores, los más radicales (como no puede ser de otra manera) a invadir calles, plazas y playas de Cataluña colgando lazos amarillos. De hecho, el independentismo catalán olvida que el espacio público es de todos y que  no se pueda permitir su politización.

Sin embargo, más allá de la gravedad de poner lazos amarillos en dichos espacios públicos, el independentismo está fracturando aún más toda la sociedad catalana, animando los enfrentamientos entre catalanes que quieren colgar lazos y los que los retiran. Así los separatistas han hecho un paso hacia la dictadura mostrando que los que no opinan como ellos son los enemigos.

Otro detalle que a mí me ha convencido de que el separatismo catalán es el primer enemigo de la democracia es que ha cerrado el Parlamento hasta octubre en un momento clave en la historia de Cataluña. ¿Qué democracia es ésta? ¿Cerrar por tres meses un Parlamento e impedir que la ciudadanía pueda debatir sobre temas urgentes? Eso es otro paso hacia la dictadura.

Recuerdo que el independentismo decía (hasta en inglés) en septiembre de 2017 que votar es democracia. “Votar es democracia” fue su lema favorito. Pero ahora a los separatistas catalanes no les plantea ningún problema cerrar un Parlamento por no escuchar opiniones diferentes. Es que tienen una idea muy rara de lo que significa democracia.

La única batalla ganada por el independentismo fue la batalla de las imágenes del día 1-0. El día 2-0, perdieron toda credibilidad haciendo el ridículo ante el mundo tras haber proclamado resultados manipulados y amañados.

Sánchez quiere una resolución política del conflicto catalán. Es lo que quieren todos los españoles, supongo. No obstante, la realidad es otra. La situación actual en Cataluña nos pone ante una sociedad cada vez más fracturada. Los enfrentamientos entre separatistas y constitucionalistas, las amenazas a los jueces (y en unas ocasiones a separatistas), los insultos racistas y xenófobos se han vuelto el pan de cada día de miles y miles de catalanes. Desgraciadamente, así empiezan las dictaduras.

Análisis de Cheikh DIENG, periodista senegalés, redactor jefe y fundador del diario digital www.elcorreo-de-la-tarde.com en Paris

Email cheikhdieng05@gmail.com