Ola de suicidios en la policía: bajo Macron, nos dirigimos a una violenta sublevación policial

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El número de suicidios entre los policías puede costarle mucho a Emmanuel Macron. En efecto, este domingo hemos recibido la triste noticia del 44° suicidio de policías en 2019. El año está en curso y, dada la situación actual, es muy probable que se produzcan más suicidios en los próximos días o semanas.

El número de policías que han puesto fin a su vida supera el de 2018 (35 suicidios).Aunque a menudo se aducen razones personales para justificar esos suicidios, algunos señalan con el dedo las precarias condiciones de trabajo que se han deteriorado en los últimos años, especialmente desde la llegada de Emmanuel Macron al poder en 2017.

Hay que subrayar que estos numerosos casos de suicidio en la policía se producen en un contexto político-social extremadamente tenso caracterizado por una gran ira popular contra el Gobierno actual. La crisis de los chalecos amarillos, que había drenado a miles de franceses en las calles del país para exigir condiciones de vida dignas, no perdona a la policía, que también está agotada.

En efecto, en la policía, estos suicidios han provocado en los últimos meses un verdadero malestar que corre el riesgo de convertirse en una cólera explosiva. En las redes sociales y a través de los informes, los sindicatos de policía no han cesado últimamente de denunciar condiciones de trabajo precarias y un ejecutivo sordo que hace muy pocos esfuerzos para aportar soluciones.

“El 42º suicidio de un policía. UNITE SGP POLICE solicita al Ministro del Interior que aporte soluciones inmediatas para mejorar las condiciones de trabajo de los policías.Sin una respuesta rápida, la ira de los policías se expresará como nunca se ha expresado”, se podía leer este 23 de julio en un twitte del sindicato de policía UNITE SGP POLICE.

Y no es el único sindicato que se indigna por el trato que reciben los valientes policías franceses. En efecto, el 28 de julio, tras el anuncio del suicidio de un policía de Aulnay-sous-Bois con su arma de servicio, la reacción del sindicato de policía France Police Policiers En furère fue muy dura.

“Si la educación nacional se hubiera visto afectada por una oleada de suicidios, se habrían producido manifestaciones masivas en las calles y los políticos habrían prestado atención a los maestros, encabezados por Brigitte Macron… Pero en cuanto a los policías, a nadie le importa”, se enfadó el sindicato.

En otro twitte del 27 de julio, el mismo sindicato atacó al prefecto de policía de París, Didier lallement, que, según el sindicato, acaba de recibir una oferta de aire acondicionado de 10.000 euros.»Mientras el prefecto de policía está a salvo en su oficina, no se ha encontrado ninguna solución para nuestros colegas de Fontainebleau que siguen trabajando en un edificio que amenaza con derrumbarse», se indigna el sindicato.

Un informe de la Asamblea Nacional de julio de 2019 nos dice algo más sobre los edificios en ruinas en los que los policías realizan su trabajo. En el informe de 532 páginas, la constatación de los diputados es alarmante. “Los medios materiales de que disponen las fuerzas del orden no han dejado de degradarse, hasta el punto de perjudicar el ejercicio de sus misiones”, nos enseñan.

En el informe se mencionaban las comisarías de policía y los cuarteles abandonados por el Gobierno. “El estado del parque inmobiliario es un verdadero punto negro para muchos policías y gendarmes de campo y constituye un factor importante de degradación de su moral y de agravación de los riesgos psicosociales vinculados a su oficio”, denuncia el informe de la comisión.

Y añadió: “los bienes inmuebles de las fuerzas de seguridad interna están degradados, a veces hasta el punto de perjudicar su capacidad profesional y de ofrecer condiciones indignas de acogida a las víctimas o a los detenidos. En algunos casos, afortunadamente raros, estas condiciones pueden incluso influir negativamente en la salud de los agentes”. En el informe se indica que el 38,94% de los policías están insatisfechos con sus lugares de trabajo.

El otro problema señalado por los diputados es la cuestión de los equipos que, según el informe, no están a la altura de las cuestiones operativas. Los diputados señalan que los créditos de capital siguen siendo insuficientes y que la ratio de gasto tiende a disminuir.

Por ejemplo, la proporción de gastos aumentó del 1,2% en 2012 al 3,1% en 2016, antes de disminuir al 2,6% en 2018. Con Macron, la situación parece haber empeorado. “En 2018 no se ha previsto ningún plan de equipamiento específico, a diferencia de los años anteriores”, se lee en el informe.

A esta situación se añade la vinculada a sus condiciones económicas. En efecto, en diciembre de 2018, al día siguiente del primer acto de los chalecos amarillos, los sindicatos de policía habían presionado al Gobierno para que pagara horas extraordinarias. Algunos policías no habían pagado más de 1.000 horas extraordinarias. “Yo, por ejemplo, tengo 1250”, revelaba Stéphane Ragonneau, delegado nacional del BFC de alliance police en una entrevista concedida a France 3.

Atrapado en medio de la crisis de los chalecos amarillos, el Gobierno intentó inmediatamente apaciguar la ira de los policías, revalorizando sus salarios entre 120 y 150 euros netos al mes. Sin embargo, es evidente que la ira sigue ahí y que en cualquier momento podría explotar, tanto más cuanto que el despliegue de las fuerzas del orden durante las manifestaciones de los chalecos amarillos ha costado al Estado 46 millones de euros, según una investigación de France Info.

Así que el Estado tiene suficiente dinero para reprimir los chalecos amarillos, pero no tiene suficiente dinero para pagar a nuestros valientes policías. Es una tontería total. Hoy es un policía que se suicida cada cinco días y mientras tanto, muy poco se ha hecho por el gobierno actual para proteger a hombres y mujeres cuya noble misión consiste en garantizar la protección de los ciudadanos en condiciones particularmente difíciles.

Si Macron y su gobierno siguen haciendo oídos sordos a este gruñido policial, corremos el riesgo de presenciar lo peor.Frente a esta situación, un levantamiento policial es totalmente concebible. Tal levantamiento, que será seguido por el de los gendarmes y los militares, sin duda firmaría el final definitivo de un quinquenio inquietante.