Cuarto estado de alarma: ya veo venir una sublevación popular brutal contra el Gobierno de Sánchez

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(Un editorial del periodista Cheikh DIENG, autor del libro «Los Enemigos del Estado» sobre el conflicto catalan) 

Pedro Sánchez ha logrado la cuarta prórroga del estado de alarma en plena crisis sanitaria contra el Covid-19. Cuarta vez en mes y medio, es demasiado exagerado, por no decir antidemocrático. Si no me equivoco, es el único gobierno europeo que ha tenido el valor de hacerlo en un contexto de alta tensión social y política.

Aquí en Francia, nuestro presidente, Emmanuel Macron, quiere prorrogar el estado de urgencia (así lo llamamos aquí) por segunda vez hasta el 24 de octubre y los Italianos ya han empezado la fase de desconfinamiento con mucha precaución tras casi dos meses de cuarentena.

Cuando el Gobierno de España decretó el estado de alarma a mediados de marzo, se enfrentó con muy poca oposición. España acababa de entrar en la “guerra” contra un enemigo invisible y el país entero necesitaba unidad para vencerlo y devolver la normalidad. Para entender la importancia de dicha unidad nacional, bastaba con subrayar que el estado de alarma provocó muy poca bronca por parte de la oposición. Casi todos los partidos políticos (Ciudadanos, PP y hasta el independentismo) estaba convencido que España necesitaba, para frenar la propagación del virus, imitar los métodos de guerra de Italia, es decir confinando a toda la población.

Los españoles no dieron la vista buena a Sánchez cuando decretó el estado de alarma. El hecho de que no se opusieron a su proyecto era por deber moral, pensando que, sin vacuna contra el coronavirus, era la única solución para salvar vidas. Sin embargo, mientras tanto, la realidad ha sido otra. Los españoles se dieron cuenta en pocos días  de que no solo sus derechos fundamentales habían sido robados por un Gobierno que de repente se convirtió en un “Súper Gobierno” sino también se enfrentaron con la dura realidad de que este “Súper Gobierno” no estaba a la altura de las circunstancias.

Como ha pasado en Francia, la falta de mascarillas, la ausencia de pruebas y las mentiras de un Gobierno central muy centralista acabaron dándole al Primer ministro, Pedro Sánchez, un palo muy gordo en plena guerra contra el virus. Si a esta situación se añade una crisis económica muy aguda, la paciencia de la población se agota y el Gobierno acaba perdiendo toda credibilidad.

Pedro Sánchez ha logrado la cuarta prórroga del estado de alarma y la reacción de la oposición, como no podía ser de otra manera, ha sido violenta. El PP se ha abstenido, el independentismo (su mayor socio) le ha dado la espalda por su gestión de la crisis, Ciudadanos le ha apoyado por oportunismo y Vox amenaza con poner en marcha una moción de censura. El partido de Abascal hasta amenaza con convocar manifestaciones en coches y en la prensa, la credibilidad de Sánchez ha sido muy tocada.

“Sánchez recupera la arrogancia perdida”, “El congreso extiende el estado de alarma pero deja en evidencia la inestabilidad de Sánchez”, “El congreso aprueba la prórroga del estado de alarma entre advertencias de que será la última”… Esos han sido unos titulares del día tras el anuncia de la aprobación del estado de alarma, por cuarta vez.

Un cuarto estado de alarma es un error garrafal que da la sensación de que España se ha convertido en un Estado policial, en el que el Gobierno central, bajo el pretexto de una guerra contra un virus, se lo permite todo, recortando competencias de comunidades autónomas, restringiendo libertades de los ciudadanos y gobernando por decreto. Los que se habían sublevado contra el estado de alarma el14 de marzo no podían tener razón, pero esta vez está claro que están actuando dentro de la legalidad, sobre todo cuando el Gobierno se esconde detrás de dicho medida excepcional para tapar su fracaso total en la lucha contra la pandemia.

Ante esta situación, el mayor riesgo es que Sánchez acabe provocando una sublevación popular contra su régimen tal como está pasando en los Estados Unidos en donde miles de ciudadanos se han sublevado estos últimos días en diferentes Estados del país (Ohio, Michigan, California, Texas, Wisconsin…) amenazando con armas a sus gobernadores a quienes exigen que pongan fin rápidamente al confinamiento para evitar males mayores.

Y los ciudadanos norteamericanos tienen toda la razón, porque como está pasando en muchas democracias occidentales, los gobernantes están utilizando una pandemia para darse poderes que ni siquiera imaginaban tener en tiempo de paz, debilitando parlamentos, rastreando a los ciudadanos, multando a aquellos cuyo único delito ha sido pasearse en las calles con sus niños y censurando, en algunos países, los medios de comunicación.

En el caso de España como en el de los EEUU, la advertencia esta clarísima. El pueblo ya no puede más y se prepara a asaltar la autoridad estatal para arrancar una libertad robada por una élite totalmente incompetente que ha demostrado su fracaso estrepitoso en su guerra contra el virus. ¡Cuidado Sánchez!