Cándido Méndez: «el independentismo es algo absoleto y carente de sentido»

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Cándido Méndez, sindicalista y ex secratario general de la UGT, se ha entrevistado con el diario El Español. El sindicalista ha denunciado que no haya pacto de la Moncloa en una crisis sanitaria tan violenta que tiene consecuencias muy negativas sobre la economia. En la entrevista, muchos temas fueron abordados, entre los que el pacto entre Sánchez y el separatismo para llegar al poder

¿Qué tal lo lleva?

Relativamente bien. Aunque con una particularidad. Imagino que le estará pasando a mucha gente: pensaba que el tiempo se me iba a hacer infinitamente largo, pero me sucede lo contrario. Hago bicicleta estática, me la dejó mi hijo mayor en herencia [se ríe]. También estoy leyendo mucho.

Como miembro del colectivo de riesgo, ¿tiene miedo al virus?

La verdad es que no. He procurado ser muy disciplinado. He cumplido el confinamiento a rajatabla. Por otro lado, el nacimiento de mi nieta, en Alemania, me ha demostrado que la vida sigue, que se abre paso. Sólo he salido a por las pastillas para la tensión, el colesterol… Y por fin he ido al peluquero, lo puede comprobar en las fotos que le he enviado para ilustrar esta entrevista.

¿Para qué sirve un sindicato en la era de la pandemia?

Esta pandemia ha provocado en España, y en el resto de Europa, un impacto muy fuerte en la economía. El sindicato, en esta tesitura, es una organización colectiva fundamental. Los trabajadores necesitan mucho apoyo, información y que les traduzcan lo que sucede a un lenguaje entendible. El sindicato es, hoy más que nunca, una pieza imprescindible.

¿Y un liberado sindical?

Los sindicatos fueron incluidos como «servicios esenciales». Ahora se habla de los liberados con un deje peyorativo, pero son los que están sosteniendo la actividad de la organización, los que dan información y apoyo a los trabajadores en un momento clave. Sigo en contacto con mi organización: UGT fue la primera en poner a sus liberados a disposición de la administración sanitaria.

Me gustaría compartir con usted una escena que viví en carne propia. Fue en la sede de uno de los dos sindicatos mayoritarios, en Madrid. Iba en el ascensor junto a media docena de afiliados. Estaban tramando un plan para irse de viaje y conseguir que los gastos corrieran a cargo de sus respectivas empresas. No generalizo, pero ¿se encontró con muchas situaciones como esa?

La verdad es que no… Hombre, de todo hay en la viña del Señor, pero eso que usted dice no es, en absoluto, un comportamiento generalizado. Habría que conocer las circunstancias concretas.

Usted estuvo veintidós años al frente de la Unión General de Trabajadores. ¿Cuál es su mayor orgullo?

Mi mayor orgullo ha sido ser secretario general de la UGT: haber sido elegido en reiteradas ocasiones y de manera democrática. Además, sucedí a toda una referencia como Nicolás Redondo. Soy hijo de la clase trabajadora. Haber encabezado esta organización es para mí un orgullo.

¿Y la peor decepción?

Después de tantos años, estoy curado de espanto. No tengo un sentido melodramático de la vida. No sabría decirle… He tenido problemas de diversa índole a lo largo de mi trayectoria sindical, pero me ocurre como con la mili. ¿Usted ha hecho la mili? Creo que no, parece muy joven.

No, no. No he hecho la mili.

Cuando acaba la mili, sólo te acuerdas de los buenos ratos. Uno corre una especie de velo sobre los no tan buenos.

¿Qué sintió cuando conoció la implicación de los sindicatos en el fraude de los ERE?

Es un tema que está sometido a un procedimiento judicial. Ahí estarán los jueces si ha habido cualquier tipo de irregularidad. Honestamente, creo que a los responsables de aquella época no se les pasó por la cabeza, ni por asomo, cometer ilegalidades. Resolvieron problemas laborales muy serios y contaron con el apoyo del Parlamento.

Entonces, ¿cree que UGT quedará libre de condena?

Así lo espero, pero eso lo dirán los jueces, no me corresponde a mí.

¿Se arrepiente de haber estado tantos años al frente del sindicato?

No. Fue consecuencia de sucesivas elecciones entre compañeros. Hubo elementos que tuve que meditar seriamente. En 2008, por ejemplo, analicé la conveniencia de dar un paso atrás, pero acabábamos de entrar en una recesión económica muy dura y decidí seguir. Hay decisiones que, desde fuera, pueden parecer fáciles, pero que son complicadas cuando se viven dentro de una organización.

Debemos llegar a un gran acuerdo para la transformación verde de la economía española

¿Se le ocurre alguna medida económica o social urgente que el Gobierno todavía no haya puesto en marcha?

Algunas ideas evidentes: en los últimos cuarenta años, los dos pilares de nuestra estructura económica eran, por un lado, la construcción; y por el otro, el turismo y la hostelería. En 2008, la construcción quedó reducida a la mitad: generaba 2.500.000 puestos de trabajo; ahora, 1.200.000.

Deberíamos llegar a un gran acuerdo para la transformación verde de la economía española. Deberíamos buscar una digitalización que no supusiera una merma de derechos. Descarbonización, digitalización y derechos. Ese triángulo sería virtuoso.

Usted ha conocido a varios presidentes del Gobierno, incluso a algún Papa. ¿Le parece normal que los líderes políticos actuales no hayan sido capaces de alcanzar un consenso similar al de los Pactos de la Moncloa?

Efectivamente, existe una singularidad en la política española. La virulencia de los enfrentamientos políticos en el Congreso no tiene un reflejo similar en Europa. Creo que en el resto de países de la Unión hay una mayor concienciación sobre lo que estamos sufriendo.

¿Por qué el consenso sí era posible hace cuarenta años y ahora no?

No lo sé. Bueno, los líderes de aquella época eran de generaciones distintas y habían tenido experiencias políticas diferentes. Ahora, los candidatos son de la misma generación.

Fraga, Carrillo, Suárez, Felipe… Unos venían del régimen, otros de la clandestinidad… Creo que ese crisol de experiencias ayudó al acuerdo. Por cierto, se dice que los sindicatos firmamos aquellos Pactos, pero no es verdad. Lo que hicimos fue pactar con la patronal.

Pido a los líderes políticos actuales que negocien conscientes de la situación crítica que atravesamos

¿Qué mensaje enviaría a los líderes políticos para llamarles al consenso?

Les pido que sean conscientes de la situación en la que nos encontramos. Veo un error: piensan que la mejor manera de mantener a salvo sus espacios electorales es reforzar de forma abrupta sus partidismos. Eso no le funciona al Gobierno, pero tampoco a la oposición. El momento de criticar no es ahora, llegará más tarde. La mayoría de la ciudadanía es templada… y demanda temple.

¿Esta es la peor generación de políticos que ha conocido?

No me gusta hacer ese tipo de afirmaciones. Cada generación política es reflejo de la sociedad del momento. No comulgo con aquellos que plantean a «la gente» como un sujeto colectivo benévolo y a la clase política como uno maligno.

Pero, ¿no palpa en la calle esa demanda ciudadana de consenso que nada tiene que ver con el navajeo al que nos están acostumbrando?

Bueno… este miércoles en el Congreso hubo una mayoría parlamentaria que aprobó la prórroga del estado de alarma. Le diré algo que me ha demostrado la experiencia: los líderes políticos, cuando ejercen, padecen una visión muy crítica. Pasado el tiempo, se convierten en personas admirables. Fíjese en Adolfo Suárez o Felipe González. Ocurre mucho con los presidentes.

¿Quiere decir que los ciudadanos admirarán a Pedro Sánchez dentro de unos años?

No lo sé… Podré responderle cuando termine su mandato. Ahora no tengo elementos suficientes como para contestar a esa pregunta.

Se lo pregunto de otra manera: ¿le tranquiliza Sánchez como gestor de esta crisis?

A mí, un gobierno democrático siempre me tranquiliza. Me inquietaría que ese gobierno estuviera, por ejemplo, al margen de los criterios científicos.

¿Ha estado el Gobierno actual alejado de los «criterios científicos»? El 8-M se celebraron manifestaciones y espectáculos deportivos a pesar de algunas pautas científicas que recomendaban lo contrario.

Podremos valorarlo cuando todo esto pase. El Gobierno deberá publicar un balance. Ahora, tenemos que remar en la misma dirección y pensar en cómo relanzar la economía el día después de la pandemia.

Pedro Sánchez dice que busca el consenso, pero no llamó a la oposición en casi veinte días. ¿Cómo lo interpreta?

Es un error. Creo que Moncloa debería mantener una línea caliente con la oposición, las organizaciones sindicales y la patronal. Las reuniones del presidente con los líderes de la oposición deben ser frecuentes, pero también tiene que existir esa línea caliente de seguimiento en torno a los acuerdos que se vayan alcanzando.

Pedro Sánchez ha demostrado tener capacidad para sobrevivir a situaciones adversas

Tiene muchos elementos de juicio y comparación, descríbame a Sánchez como presidente.

Ha demostrado capacidad para sobrevivir a situaciones adversas. Tiene esa facilidad para levantarse. También ha logrado tejer una delicada red de alianzas para alcanzar la presidencia. No es fácil compararle con los anteriores porque se trata del primer Ejecutivo de coalición de la Historia reciente. Esta pandemia es su prueba de fuego.

¿Podría ordenarme los presidentes españoles de mejor a peor?

No me gusta hablar en esos términos [se ríe], pero ya que los he conocido puedo contarle algo de cada uno de ellos.

Adelante.

Adolfo Suárez, con el paso del tiempo, se ha convertido en un gran referente. ¿Recuerda lo que le decía? El tiempo agranda las figuras, les hace justicia. Creo que va a empezar a suceder eso con Zapatero: incluso el PP ya habla bien de la Unidad Militar de Emergencia (UME) y del matrimonio igualitario.

Felipe González.

Fue un gran artífice de la democratización de este país.

Aznar.

Creo que pecó de arrogancia. Mi experiencia personal con él no fue buena, pero le profeso un respeto a nivel personal.

¿Y Rajoy?

Aunque hubo dos huelgas generales y tomó medidas muy duras para el trabajador, luego inició una etapa de diálogo. Recuerdo con cariño su buena encarnadura moral.

El otro día me contaba que, en un momento de crisis como este, la unidad es más necesaria que nunca y que los independentismos carecen de sentido. ¿Podría argumentarlo?

Por supuesto, pero antes de eso me gustaría añadir algo: creo que, además de las deficiencias del Gobierno, deberán analizarse las de las Comunidades Autónomas, las cuales han sido cubiertas por el mando único. Todas las críticas se dirigen a Moncloa y no estoy seguro de que sea justo.

Los independentismos.

Sí, sí, a eso voy… La pandemia nos ha obligado a recluirnos, a confinarnos en los domicilios, pero nos hemos descubierto altamente interdependientes. Nos necesitamos los unos a los otros. Por eso creo que trabajar en compartimentos estancos, como hacen los separatismos, no lleva a ningún sitio. Es algo obsoleto y carente de sentido. No le veo sentido al independentismo.

No entiendo por qué la izquierda está más cerca del nacionalismo que la derecha

La izquierda es internacionalista por naturaleza, pero en España está mucho más cerca del separatismo que la derecha. ¿Por qué?

No lo entiendo. Me cuesta mucho trabajo comprenderlo. Yo soy también afiliado del PSOE. Para mí, las siglas tienen sentido: «Partido Socialista Obrero Español». Las asumo con coherencia. No son un accidente. Lo normal es que las organizaciones de izquierdas, por su carácter solidario, tiendan a la integración, pero… No lo entiendo.

¿Le decepcionó que el PSOE alcanzara el poder previo pacto con Esquerra Republicana?

No me gustan las diferenciaciones entre parlamentarios de primera y de segunda. Todos los votos valen lo mismo. Dicho esto: debemos juzgar al gobierno por cómo desata esas ataduras contraídas con los nacionalistas. No obstante, si el Gobierno tiene una convicción, necesita actuar y no es capaz de «desatar la atadura»… deberá cortarla.

Hábleme de Pablo Iglesias. ¿Le satisface que, por primera vez desde la II República, haya entrado en el Gobierno un partido a la izquierda del PSOE?

A nivel personal, siempre tuve claro que debía formarse un gobierno de coalición. La aritmética marcaba ese camino. Lo que sí me preocupa es que el PSOE pueda acabar representando a la burocracia y que lo social parezca únicamente obra de Podemos.

¿Le pareció incoherente que se mudara al chalé de Galapagar?

El problema no está en el chalé. Si pueden pagarlo, no tengo nada que decir. El problema está en sus propias palabras: predicaba justo lo contrario.

¿Pablo Casado tiene talla de presidente del Gobierno?

Creo que en el Partido Popular compiten todavía hoy diferentes sensibilidades. Le queda mucha labor para aunar a los distintos. La irrupción de Vox ha provocado la distorsión de la visión de Casado. Fíjese en lo que ocurrió el miércoles en el Congreso: se abstuvo en la votación de la prórroga del estado de alarma.

¿Qué quiere decir?

Quienes decían que la testosterona oscurece la política tenían razón. Arrimadas se sentó, negoció y llegó a un acuerdo. Posee una visión más pragmática que Rivera. Creo que Casado ha renunciado a convertir el PP en el partido de gobierno que era. Está más preocupado por liderar la derecha. Por cierto, a mí me gusta más el bipartidismo estable que el multipartidismo desordenado.

¿Qué sensación le genera Vox?

Una sensación negativa. Creo que su auge es muestra de la normalización democrática de España en relación con su entorno. El PP contaba a la extrema derecha entre los suyos, pero eso no podía durar toda la vida. Tenía que producirse, pero me sorprendió la contundencia del resultado.

¿Qué le diría a Santiago Abascal si pudiera charlar con él?

No le diría nada, no soy de dar consejos. Bueno, creo que hablaríamos de una persona de UGT que coincidió con él como concejal en Ermua. La apreciamos mucho, seguro que intercambiaríamos unas palabras.