Exilio de Juan Carlos I: la muerte de la monarquía española parece ser muy cercana

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(Análisis de Cheikh DIENG, periodista y autor del libro «Los Enemigos del Estado» sobre el conflicto catalán)

Un exilio que será recordado para siempre en la historia de España. El rey emérito, Juan Carlos I, abandonó el país el lunes 3 de agosto para dirigirse a un destino hasta ahora desconocido. Antes de su partida, el ex rey, que aún conserva su título, le confió una carta a su hijo, Felipe VI, actual rey de España.

«Hace un año te expresé mi voluntad y deseo de dejar de desarrollar actividades institucionales. Ahora, guiado por el convencimiento de prestar el mejor servicio a los españoles, a sus instituciones y a ti como Rey, te comunico mi meditada decisión de trasladarme, en estos momentos, fuera de España», dijo.

Y el ex rey agregó: «Una decisión que tomo con profundo sentimiento, pero con gran serenidad. He sido Rey de España durante casi cuarenta años y, durante todos ellos, siempre he querido lo mejor para España y para la Corona».

Asi, Juan Carlos dejó España a los 82 años. Su lugar de residencia actual aún no se ha revelado y los rumores al respecto son abundantes. Sin embargo, no es su lugar de residencia la que nos interesa, sino más bien su decisión de abandonar el país en un momento en que los españoles no se lo esperaban.

De hecho, el ex rey dejó el país en un contexto que todos conocemos. Recientemente fue involucrado en una serie de escándalos de corrupción que ocurrieron durante su reinado. Las revelaciones sobre su relación con su amante, Corinna Larsen, (a quien el ex rey ofreció mucho dinero) han hecho temblar a la monarquía española en las últimas semanas.

No es necesario entrar en detalles sobre un escándalo que terminó sacudiendo a la familia real española que, hoy, se juega la vida. Lo cierto es que el exilio de Juan Carlos parece ser la última puñalada en una España muy dividida entre monárquicos y republicanos.

Hay que decir que el momento del exilio del ex rey no ayuda en absoluto, ya que parece ser un verdadero mazazo a la monarquía que lucha por su supervivencia en un momento en que una ola de ciudadanos españoles, desde Cataluña, País Vasco y Galicia, amenazan seriamente con proclamar la República, una república que España había perdido en 1936 después del golpe de estado de los nacionalistas liderados por el general Franco y que había culminado con la huida de Manuel Azaña, ex presidente del pais.

Juan Carlos no solo dio el golpe final a una monarquía cada vez más repudiada por escándalos de corrupción que iban debiliándola , sino que el 3 de agosto ofreció una victoria histórica a los separatistas catalanes que, en 2017, habían proclamado de manera unilateral la independencia de su comunidad autónoma, justificando en gran parte esta decisión por la corrupción sistémica que afecta a la casa real y las instituciones política españolas.

En medio de una crisis política tan grave, Juan Carlos acaba de echar leña al fuego en una España donde la guerra territorial y constitucional aún no ha dicho su última palabra. Y los líderes separatistas a quienes la justicia acaba de negar la semi-libertad seguramente aprovecharán esta crisis institucional para noquear a una monarquía moribunda.

Juan Carlos dejó España como un cobarde o un traidor (cada uno usa el adjetivo que le parece más oportuno), con total impunidad, abandonando a su hijo, Felipe VI y poniéndole en una situación muy preocupante con el que el nuevo rey tendrá que enfrentarse con tacto para evitar un levantamiento antimonárquico que podría venir desde Cataluña o PODEMOS, partido político cuyos militantes nunca han ocultado su rechazo total hacia todo lo que está vinculado directa o indirectamente con la monarquía.

Por ahora, es difícil especular sobre lo que sucederá a corto plazo. Sin embargo, una cosa es cierta: la monarquía española fue apuñalada por el ex rey, que la ha dejado en un estado de desmoronamiento brutal. Con un golpe tan tremendo, es posible que la monarquía no restablezca nunca su imagen.

Los acontecimientos actuales dejan pensar que la muerte de esta monarquía está muy cerca.