Sublevaciones contra el poder: Malí corre riesgo de convertirse en la futura Libia de África Occidental

0
148

(Por Cheikh DIENG, periodista y analista politico)

Malí está entre la espada y la pared. Este país de África occidental, que ha caído en el caos desde 2012, cuando el ex presidente del país, Amadou Toumani Touré, huyó del país para exiliarse a Senegal, vive las momentos más complicados de su historia tras las recientes protestas violentas que sacudieron el país a mediados de julio.

No entraré en detalles sobre este conflicto que se ha vuelto claramente internacional. Y me explico. De hecho, la guerra en Malí comenzó en 2013, cuando François Hollande, ex presidente de Francia, desplegó soldados en este país para detener el avance de los islamistas hacia Bamako, la capital.

No hay duda de que sin esta intervención militar francesa, todo Malí caería hoy en manos del islamismo radical que ya causó estragos en el norte del país poco antes del despliegue de soldados franceses que fueron recibidos con todos los honores por una población local que ya no podia más.

La aclamación a la que tenían derecho los soldados franceses y las escenas de celebracion observadas en todo el país a la llegada de los militares franceses no dejaron a nadie indiferente. No sé cómo los malienses interpretaron la llegada de los soldados franceses en su territoro. Sin embargo, está claro que el país en su conjunto fue humillado cuando aceptó llamar al antiguo poder colonial para resolver un problema que se desarrolla en su tierra.

Desde entonces, la situación apenas ha mejorado. El norte permanece casi completamente separado del sur. Unos pocos focos de resistencia islamista están pudriendo las vidas de las poblaciones locales y la influencia de la guerra en Libia hace que esta parte de Malí sea completamente inmanejable e incontrolable por el estado central.

Algunos vieron en el despliegue de soldados franceses en Malí un claro pryecto colonial por parte de París de controlar un área rico en recursos naturales. Este argumento es extremadamente relevante. Sin embargo, sin evidencia convincente para sustentarlo, es difícil investigar más a fondo.

En cualquier caso, lo cierto y seguro es que estamos presenciando las horas más oscuras de esta crisis maliense. Y todo puede cambiar si los dos campos opuestos continúan persistiendo en posiciones radicales que, tarde o temprano, terminarán dando la última puñalada a uno de los primeros países del mundo en implementar la Carta de Mandé (una de las primeras constituciones del mundo) ya desde el siglo XII.

La crisis actual que atraviesa Malí nos sumerge en una realidad indiscutible: Malí no es un país de mierda, pero sus líderes sin duda lo son. Y me explico. Desde 2013, la corrupción va ganando terreno, ha prevalecido el nepotismo y la laxitud de los líderes frente a la situación en el norte del país no tiene precedentes.

La situación es aún más compleja ya que el país está hoy en manos de un presidente tecnocrático que dejó Malí para continuar sus estudios en Francia a la edad de 13 años. Sería una exageración decir que IBK (Ibrahim Boubakar Koulibaly, presidente de Malí ) desconoce las realidades de un país donde fue nombrado primer ministro en 1993.

No obstante, la realidad es que su gestión del poder basada en tanteos, desvios de fondos públicos y mentiras, le da la imagen de un títere elegido por le Occidente para perpetuar una política colonial cuyo objetivo final es apoderarse de los recursos naturales del país. Esta observación amarga es el origen del nacimiento del M5-RFP (Movimiento del 5 de junio – Agrupacion de las fuerzas patrióticas) cuya autoridad moral no es más que el Imam Mahmoud Dicko.

En cualquier pais en el mundo, cuando se produce una crisis de tal magnitud en un contexto en el que cada vez más jóvenes africanos, en particular los malienses, exigen el fin definitivo del neocolonialismo encarnado, segun ellos, por Francia, es obvio que encontrar una solución a este problema se convierte en un verdadero calvario.

Pero, el error garrafal que está cometiendo este movimiento es haber permitido que llegue al pais una delegación de la CEDEAO a su territorio. Con esta ingerencia extranjera, sin duda estamos asistendo a la «Libiación» de Malí, si me permite la expresión.

Debo subrayar que la característica de un Estado, que además quiere ser soberano, es evitar a toda costa la interferencia extranjera en sus asuntos internos. Desafortunadamente, esto es lo que acaba de suceder en los últimos días en Malí con la entrada en juego de los líderes africanos totalmente bajo el control de los Estados occidentales. No tienen ninguna solución para Malí. Y, las seis recomendaciones que ponen sobre la mesa confirman esto.

De hecho, exigen, entre otras cosas, «la renuncia inmediata de los 31 diputados cuya elección se disputa», «una recomposición de la Tribunal Supremo», el «establecimiento de un gobierno de unidad nacional» … entre otros. Terminan haciendo amenazas contra el M5-RFP. “El establecimiento por parte de la CEDEAO de un régimen de sanciones contra quienes tomarán medidas contrarias al proceso de normalización de esta crisis, entendiéndose que todas las decisiones y medidas anteriores deben implementarse antes del 31 de julio de 2020 ”, concluyen.

Estos representantes de la CEDEAO, con el pretexto de extinguir el incendio iniciado por su homólogo IBK, están echando combustible al fuego, claramente yendo más allá de su prerrogativa como mediadores para establecerse como dictadores en una crisis, que por cierto les concierne, pero que se desarrolla en un territorio ajeno.

La violenta protesta popular en Malí confirma que el presidente actual ha fallado totalmente en su misión de reparar este país porque está totalmente superado por los acontecimientos. Pero los patriotas malienses que piensan que tienen una cura milagrosa para el mal también han fallado cuando aceptaron que agentes extranjeros (probablemente ordenados por Occidente) viniesen a dictar su ley a un pueblo que aspira a lograr su soberanía.

El error cometido tanto por IBK como por la oposición fue, por lo tanto, dejar la gestión de la crisis a potencias extranjeras regionales o internacionales. Porque, esto solo lleva a un estancamiento de una crisis en la que los mismos poderes, para establecer su hegemonía, se verán obligados a dividir al pueblo para alcanzar sus propios intereses.

Esto es lo que está sucediendo en Libia, donde más de 5 potencias extranjeras están presentes en el terreno e imponen una hoja de ruta a las autoridades políticas elegidas por su propio pueblo. Algunos de estas potencias extranjeras hasta se han atrevido a apoyar a un señor que recibe millones de dólares para derrocar al gobierno reconocido por la ONU con el único objetivo de transferir, después, los beneficios del petróleo a las potencias que le han colocado en el poder.

Malí y los malienses deben estar a la altura de la crisis. La solución al problema es sencillo: echar fuera del pais a todos estos «mediadores» y luegaro sentarse alrededor de una mesa para dialogar. La solución final solo puede venir del pueblo maliense, pero en ningún caso de las fuerzas extranjeras regionales que, además, no son referencias en materia de política interna.

Cuantos más agentes extranjeros en Malí, mayor es el riesgo de agravarse la crisis. Y este escenario solo llevará al país (ya muy debilitado por 8 años de guerra contra el yihadismo) hacua un caos permanente del que nunca saldrá. En otras palabras, Mali, a su vez, se convertirá en la Libia de África Occidental.